CARLOS CABALLERO RODRÍGUEZ
Bajo la falsa premisa de concebir la moda como una mera cuestión o expresión
estética, la historia ha demostrado mucho más que eso: una herramienta de
reivindicación y un símbolo de lucha para diversos colectivos y tribus urbanas.
Este artículo explora su impacto en los movimientos sociales, viajando por
diferentes épocas y lugares del mundo: desde el surgimiento del punk y su
estética transgresora hasta la España de los años 2000.
El Punk: Moda como Protesta y Caos
Influenciado por una profunda recesión económica y un creciente descontento
social, el movimiento punk nació en las décadas de 1970 y 1980 en Reino Unido y
Estados Unidos. Lejos de ser un simple género musical, el punk representó una
manifestación cultural cargada de rabia, cuya esencia anarquista y antisistema se
convirtió en un grito de lucha contra el capitalismo, el conformismo y las
estructuras de poder.
Este colectivo encontró en la moda una vía de expresión para canalizar su
frustración. La ropa rota, los imperdibles, las camisetas con mensajes
provocadores y los peinados extravagantes no eran meras elecciones estilísticas,
sino símbolos de rechazo a la sociedad establecida.
Uno de los principales motores de esta estética fue la icónica diseñadora Vivienne
Westwood, junto con su pareja Malcolm McLaren, mánager de los Sex Pistols. A
través de su tienda SEX, ubicada en King’s Road, Londres, Westwood consolidó la
estética punk, creando prendas que reflejaban el caos y la rebeldía del
movimiento.

Vivienne Westwood y Malcolm McLaren en Londres en los años 70 | EXTRAÍDO DE: @mujerhoy
El Hip-Hop: Apropiación de la Moda de Lujo como Resistencia
Mientras que el punk utilizaba la ropa para destruir los códigos estéticos, el hip
hop implemento una estrategia diferente: Reapropiarse de la moda de lujo y
resignificarla como símbolo de poder y rebeldía.
Viajamos ahora a Harlem y el Bronx, en Nueva York, barrios donde la comunidad
afroamericana enfrentaba rasgos de marginación y exclusión. En este contexto,
nació el Hip-Hop, no solo como un género musical, sino como una manifestación
cultural de resistencia ante el sistema.
Con su auge en los años 90, los raperos y jóvenes de estos barrios comenzaron a
apropiarse de prendas que, hasta entonces, eran exclusivas de las élites blancas,
como las de Polo Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, versace o Gucci. El objetivo
estaba claro: desafiar el sistema, visibilizar la lucha de clases y reclamar un
espacio en la sociedad.

Snoop Dogg vistiendo Tommy Hilfiger en 1994 | EXTRAÍDO DE: @complexStyle
La caída del muro: el surgimiento del berlin underground
El 9 de noviembre de 1989, la caída del Muro de Berlín marcó el fin de la división
entre el Este y el Oeste y abrió un nuevo capítulo en la historia alemana. Sin
embargo, la reunificación no fue instantánea ni pacífica: tras décadas de
separación, las diferencias económicas, sociales y culturales eran profundas. Las fábricas, bunkers y edificios abandonados del Berlín oriental se convirtieron
en el escenario perfecto para la expansión de la escena underground, que incluía
fiestas clandestinas, música electrónica y un nuevo lenguaje visual en la moda. El
auge del techno fue clave en la consolidación de este movimiento, con clubes
como Berghain, Tresor o E-Werk funcionando como refugios para una juventud
que buscaba escapar de las normas impuestas por la sociedad. La moda en estos espacios tenía un mensaje claro: la disolución del individuo dentro del colectivo y la apuesta por la fluidez de género. En contraste con la ostentación del hip-hop o la agresividad visual del punk, la vestimenta underground se basaba en la comodidad, los tonos oscuros o desgastados y la fusión entre lo industrial -ropa militar o de segunda mano- y lo experimental.

Love Parade en 1992. A la izquierda, en la foto: el DJ Sven Väth |
REALIZADA POR: Ben de Biel
España 2000s: Tribus Urbanas y la Fragmentación de la Identidad
Con la llegada de los años 2000, España vivió un cambio de paradigma en su
escena juvenil, la cual estuvo influencia por las tendencias globales y la llegada
del internet. La escena marcada por la moda pasó a diversificarse en múltiples
tribus urbanas, cada una con su propia estética, códigos y formas de expresión. Uno de los fenómenos más destacados fue la proliferación de los bakalas, una subcultura asociada a la música electrónica, en especial el máquina y el hardcore.
Este movimiento estaba fuertemente marcado por la estética de la ropa deportiva
(marcas como Nike, Adidas o Reebok eran indispensables), los pantalones anchos
y los piercings. Su universo giraba en torno a las discotecas legendarias como Pont
Aeri o Radical, donde el baile, la aceleración de los beats y la química formaban
parte de la identidad del movimiento.

Parkineo para David Guetta | EXTRAÍDA DE: @indiescabreados
El fenómeno del cani y la choni también marcó los años 2000, especialmente en
barrios obreros y en la periferia. A través de su manera de vestir –chándales
ceñidos, grandes pendientes de aro, gorras de visera plana y zapatillas llamativas, estas tribus apropiaban y resignificaban el lujo aspiracional de marcas como
Dolce & Gabbana o Armani Exchange en su versión más accesible. Su estética no
solo hablaba de una identidad, sino de una resistencia de clase en un contexto de
precariedad laboral y crisis económica incipiente.
Con este viaje he querido reflejar la importancia de la moda para diferentes
colectivos y movimientos, donde poder ver que, bien implementada, puede ser
fruto de lucha y herramienta transgresora de cambio.

